jueves, 29 de octubre de 2015

Misión Castañas, la aventura

Una tarde de otoño nos llegó a la Agencia de Detectives la carta de unos hermanos que vivían a las afueras de la ciudad. Nos pedían ayuda porque alguien había destrozado sus adornos para Halloween. Todas las calabazas del jardín, la decoración de dentro de la casa… incluso habían roto alguna ventana. Daba la casualidad de que habían llegado a la Agencia seis nuevos detectives y esta misión nos venía perfecta al detective Sugus y a mi, la detective Chicle, para instruirlos para ser detectives… de monstruos.

Nos acercamos a la casa, en el Monstruo-móvil. Era una casa de un sólo piso con un gran jardín en la entrada. Como describía la carta que nos habían mandado, el jardín estaba repleto de trocitos de calabaza, castañas por todos lados, murciélagos de mentira mordidos, brujas de decoración colgando del gran castaño que hay en el jardín… Un campo de batalla en toda regla.

Como es costumbre cuando hay novatos en la Agencia, les preguntamos qué es lo que harían para empezar a investigar. Sin dudarlo fuimos a la puerta de la casa, la cual estaba cerrada con llave. Al detective Batman se le ocurrió mirar debajo del felpudo, con la suerte de encontrar la llave de la puerta. Al entrar nos dimos de bruces con un salón patas arriba. El sofá, la tele, los armarios… todos tirados por el suelo. Los cristales rotos de las ventanas cubrían parte del suelo, el cual también estaba repleto de castañas, piedras pequeñas, ramitas, hojas…

A los detectives se les ocurrió mirar en el Libro de los Monstruos para descartar posibles monstruos. Nos quedamos tres candidatos: El Monstruo del Desorden, el Monstruo de las Macetas y el Monstruo de los Ruidos Raros. Al detective Chispas se le ocurrió buscar alguna pista debajo del sofá cuando… ¡apareció una horda de Gamusinos de debajo del sofá! En todos mis años como detective jamás había visto a tantos Gamusinos salvajes juntos. El caso es que se fueron al exterior con la mala suerte de apagar la luz y dejándonos a oscuras. Estos Gamusinos… ¡qué traviesos son! Ahora sin ver nada, poco podríamos hacer. Intenté acercarme a la pared para ver si había algún interruptor, pero pisé una de las castañas y me caí al suelo. ¡Qué vergüenza! Al detective Pepe Montero se le ocurrió utilizar las Cerillas de Investigación.

Estábamos en eso cuando oímos un ruido en detrás de una de las puertas. El detective Detective acercó la oreja mientras los demás conteníamos la respiración. El ruido procedía de detrás de esa puerta, sin duda. Nos preparamos por si acaso era el monstruo, y cuando el Detective abrió la puerta… un gato salió corriendo, pero no un gato cualquiera ¡un gato negro con un gorro de bruja! Seguro que era alguna bruja transformada… tendremos que investigarlo con profundidad.

Ya en la cocina, los detectives pensaron que sería bueno buscar alguna huella de monstruo. Y efectivamente, la detective Elsa encontró unas huellas… ¡del Monstruo de las Macetas! Además, las huellas conducían al jardín, algo lógico porque estos monstruos viven donde hay plantitas y bichitos. Salimos al jardín y a la detective Elsa se le ocurrió coger un bichito porque, como sabéis, al Monstruo de las Macetas le encanta cuidar de los bichitos, así que cuando lo viésemos, ella se lo daría para que viese que no queremos hacerle daño. Bichito en mano, a la detective Chuches se le ocurrió la idea de buscar debajo del gran castaño, porque era más probable que la madriguera del monstruo estuviera ahí. Cuando nos acercamos, descubrimos que entre dos rocas había un agujero oscuro y profundo. Los valientes detectives decidieron adentrarse en él (parecía que los únicos asustados éramos Sugus y yo). Antes de adentrarnos en la oscuridad, les aconsejamos atarnos con la cuerda Milusos para evitar perdernos o separarnos. Así pues, nos metimos en ese agujero pegajoso, oscuro y húmedo, lleno de barro, lombrices y raíces que ponían la zancadilla. El descenso iba bien, cuando el detective Batman se pisó la capa y caímos como fichas de dominó hasta el fondo.


Al levantarnos, vimos que efectivamente era la madriguera del Monstruo de las Macetas. A parte de hojas, ramitas y bichitos, también había alguna que otra silla y cojines a modo de nido. Tenía además un montón de macetas. De repente, apareció una calabaza gigante… ¡manos y piernas! Los detectives estuvieron rápidos y le lanzaron la Red Cazamonstruos con la buena puntería de atraparlo a la primera. Fue entonces cuando vimos que era un monstruo disfrazado con una calabaza, pero tampoco era el monstruo que buscábamos, ¡sino el Monstruo de las Bromas! No paraba de reírse de nosotros, y los detectives decidieron atraparlo en el Frasquito de Cristal. Cuando sellamos el frasco… algo se movió detrás de las macetas. La detective Elsa llevó a su bichito hacia allí y cuando llegó el Monstruo de las Macetas salió de su escondite. Se le veía asustado y nos intentaba decir algo, pero el idioma de los Monstruo solo lo conocen los Gamusinos. Menos mal que al detective Sugus se le ocurrió contar un chiste y así apareció un Gamusino. El nos tradujo que el Monstruo de las Bromas había despertado con la calabaza en la cabeza al Monstruo de las Macetas. Se había asustado tanto que salió corriendo de su madriguera, y cuando vio todas esas calabazas por el jardín y por dentro de la casa, las había roto todas. Al tranquilizarse, se había dado cuenta del desastre que había montado y corrió a esconderse en su madriguera.

Los detectives le escucharon atentamente, y decidieron que no le iban a atrapar, porque el culpable realmente era el Monstruo de las Bromas. Eso sí, le dijeron al Monstruo de las Macetas, que tenía que limpiar y ordenar la casa antes de que volviesen los dueños. A cambio de eso, le dejarían tranquilo en su madriguera con el bichito que la detective Elsa le dió.