lunes, 21 de abril de 2014

En busca del Gusiluz perdido (parte 3, el desenlace)


¡Muy buenas detectives! ¿Habéis descansado algo estas vacaciones? Nosotros no hemos parado de recibir avisos de monstruos y cosas desaparecidas, así que no hemos parado ni un momento. Así que sin perder el tiempo, retomo la misión que os estaba contando.

Recuerdo que justo me quedé en el momento en el que a Chispas le atacó el monstruo y que luego había huido fuera de la habitación... Bien, pues cuando todos nos tranquilizamos un poco, decidimos coger todo aquello que podría sernos útil para la investigación, y dado que el monstruo aún rondaba por la casa, la misión cambió un poco: teníamos que encontrar el Gusiluz desaparecido, y atrapar al monstruo.

Cogimos el montón de calcetines que había al lado de la cama, todos los botones que encontramos (unos 6 calcetines desparejados) y algunos papeles arrugados. La lluvia seguía cayendo y de vez en cuando algún relámpago iluminaba la casa. Hicimos un repaso de todas las pistas que habíamos visto durante la misión:

— Veamos detectives novatos, hemos visto algunas cosas raras que nos pueden dar pistas para la misión. Si descubrimos qué monstruo es el que buscamos, será más fácil encontrar su nido (o escondite), y así tendremos más posibilidades de encontrar el Gusiluz desaparecido.

— Pues hemos visto que le encantan los calcetines, porque parece que los colecciona, y además todos son diferentes — dijo Gominolas.

— Además, parece que los papeles también le gustan, porque en esta habitación hay un montón, y en el salón el periódico también estaba muy mordido — señaló Chispas.

— Es verdad, y la escoba estaba muy mordida, demasiado mordida… eso significa que no le gusta nada! Porque si el armario también estuviera mordido, podría ser que le gusta morder los muebles, pero como no es así… ¿Podríamos buscar huellas por el pasillo? porque por esta habitación igual es más difícil.

— Claro detective Gominolas, a ver si así podemos seguirle hasta su escondite.

La idea que tuvo Gominolas fue la clave de la misión. Salimos de la habitación y con la linterna vimos unas huellas de agua que estaban a punto de evaporarse. Saqué el manual del veterano donde viene toda la información de los monstruos que se han ido encontrando otros detectives y efectivamente, esas huellas aparecían en el libro.

— Detectives, el manual del veterano dice que estas huellas son del Monstruo de Debajo de la Cama. Además hay cosas sobre este tipo de monstruos apuntadas que igual nos pueden ayudar a atraparlo. Por ejemplo, dice que le encantan los calcetines y que suele hacer motitas de polvo cerca de su nido o escondite. Además suele robar todo tipo de cosas pequeñas (eso encaja con el reloj de mesa que hemos visto en la habitación) y que le encanta comer papeles arrugados… Ah, y que aunque su sitio habitual es debajo de la cama, también suele esconderse debajo de los sofás, alfombras, armarios… y entre los cojines.

— Propongo seguir las huellas del monstruo antes de que se borren — dijo Chispas.

Así que siguiendo las huellas llegamos a una puerta semi abierta. Por lo poco que veíamos, dedujimos que era la habitación del bebé. La habitación estaba a oscuras, pero se intuía una luz naranja muy débil salir de debajo del armario. Al lado estaba la cuna del bebé, llena de juguetes y había algún que otro peluche por el suelo.

— Tenemos que trazar un plan —dijo Gominolas—. Se me ocurre que como parece asustado, podríamos tranquilizarlo de alguna manera para que salga de su escondite.

— ¿Y qué podríamos hacer para tranquilizarlo? —preguntó el Chispas— Porque estoy pensando en que si ha cogido el Gusiluz es porque él también tendrá miedo… Si se lo quitamos seguro que se enfada. ¿Dice algo sobre cómo tranquilizar a los monstruos en el libro del veterano?

Buscamos entre todos por las páginas hasta que encontramos la solución. En una página ponía que a los monstruos les gusta que les cuenten cuentos antes de ir a dormir porque eso les tranquiliza.

— ¡Perfecto! Seguro que por el salón hay algún libro y se nos ha pasado, voy a ver y enseguida vuelvo —dijo la detective Gominolas.

Volvió enseguida un cuento entre las manos. Como no queríamos asustar más al monstruo, abrimos un poco más la puerta y nos sentamos ahí mismo. Primero leyó Gominolas, después Chispas y por último yo. Cuando el cuento iba por la mitad, notamos como el monstruo se asomaba por debajo del armario. Los detectives se pusieron algo tensos, pero yo les dije que se relajaran. Si el monstruo notaba que nosotros estábamos tensos, se asustaría y tendríamos que pensar en otro plan.

Poco a poco, el monstruo se fue acercando a nosotros, pero no daba tanto miedo como antes. Era muy largo y tenía unos brazos casi tan largos como su propio cuerpo. Sus ojos en cambio eran más blancos que la luna y miraban el libro con mucho interés. En una de sus garras tenía el Gusiluz. Se acercó lo suficiente para escuchar pero se quedó a una distancia de dos metros. Parecía que él tenía más miedo de nosotros que nosotros de él.

Seguimos leyendo hasta que acabamos todo el cuento y cuando nos dimos cuenta, ¡el monstruo se había dormido! Además, la tormenta ya había pasado y el sol empezaba a salir. Cogí el frasquito para meter al monstruo y entre todos dijimos las palabras mágicas para sellar y activar el líquido convertidor. El monstruo seguía durmiendo cuando lo metimos dentro y pudimos coger el Gusiluz del suelo.

Al final todo salió bien, devolvimos el Gusiluz a sus dueños, y el monstruo ahora nos ayuda en el almacén de la agencia contando cuentos a los gamusinos y a otros monstruos.