viernes, 28 de marzo de 2014

En busca del Gusiluz perdido

Aun recuerdo aquella misión como una de las más difíciles que hemos tenido mi equipo de detectives y yo. Era la primera vez que nos encontrábamos con un caso así.

Era de noche y llovía, en realidad llevaba varios días lloviendo y el agua se desbordaba de las macetas del jardín. La casa estaba a oscuras. Se había ido la luz por la gran tormenta y de vez en cuando algún relámpago iluminaba la casa.

Entramos en la casa sin hacer ruido y lo primero que hicimos fue buscar una linterna. Mirando por los cajones de la cocina encontramos una. Por fin podíamos ver lo que nos rodeaba, el problema era que toda la casa estaba patas arriba. Sería muy complicado encontrar algo con todo ese desorden.

La carta a la Agencia que explicaba la misión decía que por favor buscásemos el juguete favorito del bebé. Se trataba de un muñeco no muy grande que brillaba cuando lo abrazas. Gusiluz creo que se llamaba. No había tiempo que perder.



Volvimos al salón y gracias a la linterna vimos que el sofá estaba boca abajo y los cojines habían desaparecido. Había libros por el suelo, alguna maceta estaba volcada y su tierra se esparcía por el suelo, las cortinas estaban a punto de soltarse y había trozos de papel de periódico por todos lados… La detective Chispas buscó algo singular dentro de todo ese caos. Menos mal que tenía la Lupa Culodevaso, una de las herramientas de la Agencia, porque…

— Mirad lo que he encontrado, ¡una zapatilla de estar por casa! Bueno, lo que queda de ella. Estaba debajo detrás de esta maceta. — dijo la detective. Se acercó a nosotros y se la dió a la detective Gominolas para que la guardara en la Mochila Poppins.

— Parece que alguien tenía hambre… Detective Yogurt, ¿puedes alumbrar debajo del sofá? Igual hay algo escondido…— apuntó la detective Gominolas.

Me acuerdo que en ese momento escuchamos un ruido que venía de la habitación. Fuimos con mucho cuidado y cuando entramos alumbré con la linterna. Al parecer era la habitación de los padres, y no estaba mucho mejor que el salón. Las cortinas se habían caído, el armario estaba abierto de par en par y la ropa salía desde el interior hasta el suelo, la cama estaba deshecha y las almohadas y cojines estaban rotos (el relleno de plumas cubría toda la cama y parte del suelo) pero curiosamente las lámparas de mesa estaban misteriosamente bien puestas en su sitio…

Justo en ese momento un relámpago iluminó la habitación y algo brilló entre las sábanas de la cama. Gominolas se acercó sigilosamente.

— ¡Puaj! Un reloj de mesa lleno de babas… Que raro, no tiene pilas Lo guardaré en la mochila por si luego nos hace falta para alguna trampa.

— ¿Un reloj? Puede que sea el monstruo del… — empezó a decir Chispas cuando algo en las sombras se movió.

Aguantamos la respiración y alumbré con la linterna. Recuerdo que me acerqué con cuidado, mirando dónde pisaba. Llegué al lugar donde habían caído y… ¡algo muy pequeño y veloz salió disparado hacia la cama! Visto y no visto. Nos quedamos petrificados… pero poco a poco nos fuimos calmando. Nos juntamos en la puerta, para cerrarle el paso a… a lo que fuera, monstruo, ratón, gato… Teníamos que saber que era. Trazamos un plan.

Nos protegimos poniéndonos ropa en los brazos y piernas por si eso nos intentaba morder y nos pusimos cada uno en nuestro puesto. Sólo se oía la lluvia contra el cristal de la ventana, y no había más luz que la poca que entraba de la calle. Me puse en el lado de la cama más lejano de la puerta. El plan era que yo alumbraba con la linterna debajo de la cama para asustarle, Chispas tendría que lanzarle una sábana para atraparle y por si lograba escapar de la trampa de Chispas, la detective Gominolas esperaría preparada en la puerta con la Mochila abierta por si tenía que entrar en acción.

Linterna en mano y conteniendo la respiración, levanté la sábana de la cama y me agaché rápidamente.
Continuará...